lunes, 3 de septiembre de 2012

El Reino de Dios


La Filosofía de la Luz, invita a todas las naciones a formar parte del Reino de Dios. Como un movimiento de aplicación filosófica que lo edifica en la tierra. Un reinado donde Dios gobierna como Rey y Señor. Es el pueblo de Dios organizado como Reino, se identifica en el dominio de Dios y viene a ordenar las naciones de un modo específico. El ordenamiento de las Repúblicas religiosas que propone la filosofía de la luz, lo hace una realidad.

La instauración del Reino es por lo tanto un dominio de Dios. En el N.T. Jesús manifiesta que la realización del Reino depende de su aceptación. Los profetas lo anunciaron y aseguraron que este Reino existiría un día. Que sería algo que debe instaurarse y que habrá necesidad de este Reino por decreto de Dios.

El Reino de Dios nace del Dios de Abraham y el reconocimiento terrenal de la realeza del Mesías en la tierra. La aceptación humana del Reino trae bienes consigo, materiales y espirituales provocando una evolución espiritual de la especie humana que encontrará la salvación por el amor de Dios.

Al decir Jesús: Santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu Reino, es porque el Reino de Dios por voluntad divina puede ser una realidad terrenal y espiritual. En los libros sagrados de las religiones monoteístas (Judaísmo, Islamismo y Cristianismo) se anuncia el Reino de Dios, no es exclusivo del cristianismo.  

La vida pública de Jesús fue dedicada a anunciar el Reino, dejando claro que su realeza no es dada por un poder terreno y que toda autoridad en el reinado le ha sido entregada por el Padre. Jesús afirmó su realeza pero en su ejercicio no adopta cánones de este mundo, sino estrechamente con los planes de Dios y sitúa su trono en el campo del servicio, de la entrega y de la fidelidad. A eso se refiere que su Reino no es de este mundo porque su realeza viene de Dios y su reinado se establece en nuestras vidas y en nuestras sociedades a través de la justicia, el amor, la paz, la verdad, la vida, la gracia y la solidaridad. El Reino instaurado por Jesús será entregado al final a Dios.

El Reino depara la felicidad porque ir en contra del secularismo en el Estado vencerá al mal y así se vencerá al pecado. Nadie puede detener que se produzca el Reino porque ha sido anunciado por Dios y sus profetas. Es un don de Dios y los dones de Dios son mandatos que obedecen la naturaleza humana y la energía del universo. Tanto nos ama Dios que pareciera su Reino un mandato pero un mandato de amor.

Esto significa que si una nación se declara perteneciente al Reino de Dios evolucionará hacia una nueva sociedad. Dios otorga perdón a su pueblo, da una nueva oportunidad sin importar el pasado de pecado. Por la fe en Dios somos parte del Reino, lo que compromete nuestra existencia a un cambio de vida, estamos invitados todos sin distingo de religión a colaborar en su construcción.

Las parábolas del crecimiento del Reino y sus comparaciones advierten de un suceso terrenal. Creado por el hombre por voluntad y con ayuda especial y milagrosa de Dios. Los evangelios sinópticos designan el Reino de Dios como una realidad nueva. La sociedad humana alternativa. La primera El Reino de Dios desde el punto de vista de la acción de Dios sobre el hombre. La segunda El Reino de Dios denota la consecuencia de esa acción divina, una sociedad digna para el hombre.

El Reino de Dios no se impone por la fuerza de las armas sino del amor. El Reino de Dios es un reino popular y democrático. No existe nación pequeña para el Reino de Dios, todas las naciones tendrán igualdad de derechos y oportunidades. Los lazos que unirán las Repúblicas del Reino de Dios, son lazos irrompibles, lazos que nacen del amor de Dios.



La parábola de la semilla de mostaza: “El reino de Dios es como una semilla de mostaza que un hombre siembra en su campo. Es, por cierto, la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, se hace más grande que las otras plantas del huerto, y llega a ser como un árbol, tan grande que las aves van y hacen nidos en sus ramas.” (Mt 13.31-32)

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